El fuerte Franco

Con ganas de salir corriendo…

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Auto con huevos!

Diay… por ahí dicen que es sólo suerte de encontrarse estas cosas, pero no lo creo.

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“Un Domingo en el Mercado” por Aniceto Porsisoca

Aniceto Porsisoca es un personaje folclorista salvadoreño, creado por Carlos Álvarez Pineda. Oriundo de Cujucuyo, donde tiene sembrado su ombligo.

“Un Domingo en el Mercado” (Aniceto Porsisoca)

A las mujeres señores,
se les antojan las cosas
cuando menos lo espera.
Salen con cada detalle
que a cualquiera desespera.

Pues el domingo pasado,
salvo que yo mal recuerde,
a la peche se le antoja
mandarme para el mercado
a comprarle un mango verde.

Comer ácido, figúrense.
que caprichos! Ah, caray.
Yo no sé que le ha pasado,
Por que de aquellos colores
palabra de honor no hay.

Me fuí metiendo al mercado
por allá por aquel lado
donde venden chilipucas,
donde una señora gorda
a todas horas del día
sacude una tombilla
para botarle las cucas.

Apenas había entrado
puse el pie sobre un guineo,
o cáscara, yo que sé,
pero si no se me olvida
que casi pierdo la vida
del zopapo que llevé.

Me dolió todo el pescuezo
y me quedé un rato cucho
la gente va de reírse
y pa colmo al levantarme
me llegó a morder el chucho.

Me levanté bien caliente,
me puse a reír un poco,
unas gentes se apartaban
y otras se secreteaban
diciendo que yo era un loco.

Pues ya me fuí para adentro
buscando el tal mango verde,
iba caliente caliente
como un alacrán con zaite
le dí una patada al chucho
por poco pierdo el caite.

-Negrito lindo aquí hay fresco,
¿quiere horchata? ¿Que le doy?
-Solo deme permiso
por favor que ya me voy.

Al fin compré un refresco
con unos cinco de pan,
pero observé que en vaso
andaban dos mil mosquitos
nadando galán galán.
-¿Y esta es fresa ? -le dije-
mire bien este es el chan.

Por allá una señora
sentada en una banqueta
vendiendo unos guineos
-Señora me hace el favor,
¿a como son los guineos?
-a tres por cinco, señor.
-¿y no me los da a centavo?
-no los quiere regalados.
-Ah, si me hace usted el favor
-ve que grencho mas creído!

A centavo! Ja ja jay
A saber que habrá pensado
si este es mi sudor, bayunco
si no me los he hueviado.

Me retiré mas caliente
que la hoja de chcichicaste.
Qué gracia la de la anciana,
después que uno, de bueno
quiere ayudarles comprando,
le sacan hasta la nana.

-Deme unas dos granadillas,
señora, por vida suya,
le dijo a otra viejita
que tenia su canasto
en una mesa sapuca.

-¿Me cambia esta? le digo,
parece que está algo shuca
y si me enfermo, me muero.
-coma bolo, indio bajado,
si no quiere no las lleve,
mas chuco tiene el trasero!
-Cincones de cebollas.
va ha llevar niña.
los fossoros , peines!
-Cincones de repollos,
-Gallinas, gallos y pollos.
-Papel higiénico por rollos.
-Juegue el ocho, juegue el
ocho, el ocho no ha jugado.

Yo compré el bendito ocho
y era del mes pasado.
-Pescado pescado fresco,
uno cincuenta la libra.
-Deme un pescado, señor.
-Aquí lo tiene, mi amigo
hoy va a comer cosas buenas.
-Pero, mire. muy chiquito.
-Es que yo he dicho pescado,
no ando vendiendo ballenas.

-Maria. traeme los platos!
Pero apuráte, Maria.
-Arreglar zapatos!
-Aligeráte, María.

Yo no aguanto tanto grito,
la cabeza me da vueltas,
la memoria se me pierde
y voy buscando la puerta
Que me importa el mango verde!

Unas mujeres decían:
-Pobrecito ese señor.
otras decían Que guapo!
Y una vieja “caresapo”
me dijo hasta ruiseñor.

Yo por estarlas oyendo
y viendo a los dos que peleaban
y otras dos que iban corriendo
huyendo de un policía
no me fijé al dar el paso
que estaba otro gran pedazo
de cáscara de sandía.
Cataplúnn! fue el barquinazo,
ese sí me dolió mucho.
me levanté echando bandos
Y vuelve a morderme el chucho!

No señores, no hagan caso,
nunca vayan al mercado
que ahí el que no pega muerde.
no le hagan caso a la peche
cuando quiera un mango verde.

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Dr. Jekyll and Mr. Hyde

Robert Louis Stevenson, a finales del siglo XIX entrega desde Escocia su libro “Strange case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde”. Algo así como una presentación clara de doble personalidad, o mejor dicho la peculiaridad de demostrar diferentes niveles de moral ante una misma o diversas situaciones, totalmente contradictorias.

Dr. Jekyll is wrestling Hyde for my pride

Stevenson nos entregó previamente una novela interesante, basada en honor y coraje: “El Club de los Suicidas”, parte de dsu obra completa “New Arabian Nights”.

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El bautizo

Creo que fue de los primeros libros que leí

Capítulo 6, El Bautizo.
Don Camilo
Giovanni Guareschi

ENTRARON en la iglesia de improviso un hombre y dos mujeres; una de ellas era la esposa de Pepón, el jefe de los rojos.
Don Camilo, que subido sobre una escalera estaba lustrando con “sidol” la aureola de San José, volvióse hacia ellos y preguntó qué deseaban.
- Se trata de bautizar esta cosa – contestó el hombre. Y una de las mujeres mostró un bulto que contenía un niño.
- ¿Quién lo hizo? – preguntó don Camilo, mientras bajaba.
- Yo – contestó la mujer de Pepón.
- ¿Con tu marido? – preguntó don Camilo.
- ¡Se comprende!. ¿Con quién quiere que lo hiciera? ¿Con usted? – replicó secamente la mujer de Pepón.
- No hay motivo para enojarse – observó don Camilo, encaminándose a la sacristía. Yo sé algo. ¿No se ha dicho que en el partido de ustedes está de moda el amor libre?
Pasando delante del altar, don Camilo se inclinó y guiñó un ojo al Cristo.
- ¿Habéis oído? – y don Camilo rió burlonamente. Le he dado un golpecito a esa gente sin Dios.
- No digas estupideces, don Camilo – contestó fastidiado el Cristo. Si no tuviesen Dios no vendrían aquí a bautizar al hijo, y si la mujer de Pepón te hubiese soltado un revés, lo tendrías merecido.
- Si la mujer de Pepón me hubiera dado un revés, los habría agarrado por el pescuezo a los tres y …
- ¿Y qué? -preguntó severo Jesús.
- Nada, digo por decir – repuso rápidamente don Camilo, levantándose.
- Don Camilo, cuidado – lo amonestó Jesús. Vestidos los paramentos, don Camilo se acercó a la fuente bautismal.
- ¿Cómo quieren llamarlo? – preguntó a la mujer de Pepón.
- Lenin, Libre, Antonio -contestó la mujer.
- Vete a bautizarlo en Rusia – dijo tranquilamente don Camilo, volviendo a colocar la tapa a la pila bautismal.
Don Camilo tenía las manos grandes como palas y los tres se marcharon sin protestar. Don Camilo trató de escurrirse en la sacristía, pero la voz del Cristo lo frenó.
- ¡Don Camilo, has hecho una cosa muy fea! Ve a llamarlos y bautízales el niño.
- Jesús – contestó don Camilo, debéis comprender que el bautismo no es una burla. El bautismo es una cosa sagrada. El bautismo.
- Don Camilo – interrumpió el Cristo, ¿vas a enseñarme a mí qué es el bautismo? ¿A mí que lo he inventado? Yo te digo que has hecho una barrabasada porque si esa criatura, pongamos por caso, muere en este momento, la culpa será tuya de que no tenga libre ingreso en el Paraíso.
- Jesús, no hagamos drama – rebatió don Camilo. ¿Por qué habría de morir? Es blanco y rosado una rosa.
- Eso no quiere decir nada – observó Cristo. Puede caérsele una teja en la cabeza, puede venirle un ataque apopléjico. Tú debías haberlo bautizado.
Don Camilo abrió los brazos.
- Jesús, pensad un momento. Si fuera seguro que el niño irá al Infierno, se podría dejar correr; pero ese, a pesar de ser hijo de un mal sujeto, podría perfectamente colarse en el Paraíso, y entonces decidme: ¿cómo: puedo permitir que os llegue al Paraíso uno que se llama Lenin? Lo hago por el buen nombre del Paraíso.
- Del buen nombre del Paraíso me ocupo yo – dijo secamente Jesús. A mí sólo me importa que uno sea un hombre honrado. Que se llame Lenin o Bonifacio no me importa. En todo caso, tú podrías haber advertido a esa gente que dar a los niños nombres estrafalarios puede representarles serios aprietos cuando sean grandes.
- Está bien – respondió don Camilo. Siempre yo desbarro; procuraré remediarlo.
En ese instante entró alguien. Era Pepón solo, con la criatura en brazos. Pepón cerró la puerta con el pasador.
- De aquí no salgo – dijo – si mi hijo no es bautizado con el nombre que yo quiero.
- Ahí lo tenéis – murmuró don Camilo, volviéndose al Cristo. ¿Veis qué gente? Uno está lleno de las más santas intenciones y mirad cómo lo tratan.
- Ponte en su pellejo – contestó el Cristo. No es un sistema que deba aprobarse, pero se puede comprender.
Don Camilo sacudió la cabeza.
- He dicho que de aquí no salgo si no me bautiza al chico como yo quiero – repitió Pepón, y poniendo el bulto en un silla, se quitó el saco, se arremangó y avanzó amenazante.
- ¡Jesús! – imploró don Camilo. Yo me remito a vos. Si estimáis justo que un sacerdote vuestro ceda a la imposición, cederé. Pero mañana no os quejéis si me traen un ternero y me imponen que lo bautice. Vos lo sabéis, ¡guay de crear precedentes!
- ¡Bah! -replicó el Cristo. Si eso ocurriera, tú deberías hacerle entender.
- ¿Y si me aporrea?
- Tómalas, don Camilo. Soporta y sufre como lo hice yo.
Entonces volvió don Camilo y dijo:
- Conforme, Pepón; el niño saldrá de aquí bautizado, pero con ese nombre maldito no.
- Don Camilo – refunfuñó Pepón, recuerde que tengo la barriga delicada por aquella bala que recibí en los montes. No tire golpes bajos, o agarro un banco.
- No te inquietes, Pepón; yo te los aplicaré todos en el plano superior – contestó don Camilo, colocando a Pepón un soberbio cachete en la oreja.
Eran dos hombrachos con brazos de hierro y volaban las trompadas que hacían silbar el aire. Al cabo de veinte minutos de furibunda y silenciosa pelea, don Camilo oyó una voz a sus espaldas
- ¡Fuerza, don Camilo! … ¡Pégale en la mandíbula!
Era el Cristo del altar. Don Camilo apuntó a la mandíbula de Pepón y éste rodó por tierra, donde quedó tendido unos diez minutos. Después se levantó, se sobó el mentón, se arregló, se puso el saco, rehizo el nudo del pañuelo rojo y tomó al niño en brazos. Vestido con sus paramentos rituales, don Camilo lo esperaba, firme como una roca, junto a la pila bautismal. Pepón se acercó lentamente.
- ¿Cómo lo llamaremos? – preguntó don Camilo.
- Camilo, Libre, Antonio -gruñó Pepón.
Don Camilo meneó la cabeza.
- No; llamémoslo, Libre, Camilo, Lenin – dijo. Sí, también Lenin. Cuando está cerca de ellos un Camilo, los tipos de esa laya nada tienen que hacer.
- Amén – murmuró Pepón tentándose la mandíbula.
Terminado el acto, don Camilo pasó delante del altar y el Cristo le dijo sonriendo
- Don Camilo, debo reconocer la verdad: en política sabes hacer las cosas mejor que yo.
- Y en dar puñetazos también – dijo don Camilo con toda calma, mientras se palpaba con indiferencia un grueso chichón sobre la frente.

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¿Por qué es mejor matar a una mujer…?

Bueno, podría dar una lista con razones tipo: “porqué en general son más débiles”, “porqué es más fácil someterlas”, “por interés sexual”…

Pero la mejor razón:


tomado de la Nación del 26 de Setiembre, 2010
Nota: sí, estaban en páginas consecutivas

Sale más “barato” matar a una mujer que a un repartidor de pizza… al menos que la pizza esté *bien* buena (una patatosa talvez).

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Bautizo Gospel

Estaba frente al mar cuando veo llegar un bus lleno de negros (no es un término ofensivo) a la playa, me acerqué para no disturbar. El evento era un bautizo, una cosa que me hizo sentir en las cercanías del Mississippi.

Entre cantos “a cappella” y aplausos…

“Oh happy day… oh happy day… when Jesus washed my sins away”

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What kind of O.S. does it use?

Claro, IT Crowd Series 4… se les hace conocido el problema?

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Administración Vial

Ok, en ciertos lugares el semáforo se “pone” en amarillo antes de pasar a verde, definitivamente eso no funcionaría acá.  En otros lugares todos los semáforos se pasan a rojo para que la gente cruce en diagonal… cuestión de gustos.

Los daltónicos usualmente se basan en el tamaño de la luz para distinguir entre rojo y verde, cierto?

A interpretación de vds.

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Ya estamos en Junio, pero esto ocurrió en Mayo

Eh, no sé qué decir acerca de esta foto. No es montaje… simplemente estaban así. En parte hasta sentí vergüenza de inmiscuirme en tal momento, pero igual pareció no importarles.

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